¿Puede el estrés afectar tu fertilidad?

Cuando la exigencia se vuelve parte del paisaje

Muchas mujeres que llevan meses (a veces años) intentando lograr un embarazo han aprendido a funcionar muy bien bajo exigencias.

Son mujeres que trabajan, resuelven, cumplen, anticipan, organizan, sostienen y un gran etcétera.

Y la gran mayoría lo hacemos demasiado bien, aunque por dentro sigamos pensando que pudimos haberlo hecho mejor. (Sí, me incluyo).

Ojo: no necesariamente nos sentimos o nos reconocemos desbordadas. De hecho, muchas veces podemos sentirnos más incómodas cuando bajamos las revoluciones.

Y no es casualidad.

Porque es justamente ahí donde empiezan a aparecer pensamientos (bastante lejos de ser constructivos o compasivos) tipo:

“Podría haber sido más eficiente.”

“No estoy aprovechando el tiempo.”

“Este tiempo libre podría estar usándolo para hacer algo más útil.” (Inserte aquí cualquier tarea, pendiente, rol o responsabilidad. Seguramente hay algo 😅).

Y esto me parece importante porque solemos imaginar el estrés como algo obvio. Como esa sensación de “no puedo más con…”, estar harta de algo o sentir que una situación nos sobrepasó.

Creemos que vamos a reconocer inmediatamente el momento en el que estamos estresadas.

Pero no siempre ocurre así.

A veces no reconocemos el estrés porque no se siente como una crisis. Se siente como parte natural de nuestra personalidad.

Como esas muletillas que muchas hemos repetido una y otra vez: “Yo soy así”, “¿Cómo puedo hacer esto más eficiente?”, “¿Cómo puedo estar disponible cuando me necesiten?”.

Incluso podemos terminar algo y sentir satisfacción, no necesariamente por el gran logro de haberlo terminado, sino porque ahora podemos empezar inmediatamente con lo siguiente.

Y cuando llevamos años funcionando así (muchas veces desde chiquitas), la sobreexigencia deja de parecernos extraordinaria.

La normalizamos a tal punto que ni la cuestionamos.

 

Hay una parte de estos temas que no siempre cabe en un artículo.

En Entre ciclos, mi newsletter, comparto reflexiones más personales sobre lo que la salud menstrual, la fertilidad y el autoconocimiento. Un formato íntimo.

Si quieres acompañarme en esa conversación, puedes suscribirte aquí.

 

Cuando la exigencia se vuelve parte del paisaje

Piensa por un momento en una calle, avenida o autopista por la que pasas frecuentemente.

Probablemente tiene edificios, árboles, vallas publicitarias. Cuando cambian una valla, quizás la notas. Durante unos días sabes perfectamente que está ahí y después sigues pasando por el mismo lugar, pero llega a un punto que dejas de verla.

No porque se desapareció sino porque se volvió parte del paisaje.

Algo parecido puede ocurrir con ciertas dinámicas de nuestra vida. Se vuelven parte de la rutina, de nuestro estilo de vida, de nuestra forma de ser.

Hay situaciones de estrés que reconocemos fácilmente: una pérdida, una enfermedad, una emergencia o un acontecimiento inesperado que altera nuestra sensación de seguridad.

Otras se instalan silenciosamente: un trabajo muy demandante, dormir menos de lo que necesitas, estar permanentemente disponible, cumplir con responsabilidades (los famosos “debo de” y “tengo que”) o vivir con incertidumbre.

Y sí: intentar quedar embarazada también puede convertirse en una fuente importante de estrés.

Por ejemplo: “hacer la tarea” con esa intención (a veces le quita el disfrute al asunto), esperar, hacerte estudios, recibir resultados, volver a esperar… y cuando algo no funciona, buscar qué más puedes “hacer”.

Esta última parte me interesa especialmente.

Porque cuando algo es importante para nosotras, hacemos lo que aprendimos a hacer, es decir, todo lo que está en nuestra capacidad (y hasta más) para lograrlo.

Y claro, es una lógica que probablemente nos ha funcionado muchísimas veces:

  1. Hay un problema: buscas una solución.

  2. Hay una meta: trabajas por ella.

  3. Algo no funciona: ajustas.

Hasta que esa misma lógica llega al cuerpo.

Y aparece:

¿Qué más tengo que hacer?

Otro suplemento, otro examen, otro cambio, otra cosa que todavía no estás haciendo “lo suficientemente bien”.

Pero antes de agregar algo más a la lista, quiero mostrarte qué ocurre fisiológicamente cuando vivimos reaccionando a demandas de manera sostenida.

 

Tu cuerpo también responde a todo eso 🧠

Cuando hablamos de estrés solemos pensar únicamente en cómo nos sentimos. Pero también existe una respuesta de tu cuerpo (una respuesta fisiológica).

Nuestro organismo cuenta con un sistema que participa en la respuesta frente a diferentes demandas: el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA).

Y existe otro sistema fundamental para nuestra función reproductiva: el eje hipotálamo-hipófisis-ovario (HHO). (Sí, los nombres son complejos 😅. Y no, no tienes que aprendértelos. No lo hagas. No hace falta, te lo juro).

Lo importante es que sepas esto: ambos sistemas conversan.

Cuando el cerebro interpreta que existe una demanda a la que necesitamos responder, comienza una serie de señales en las que participa, entre otras hormonas, el cortisol.

Y antes de seguir necesito defender un poco al “pobre cortisol”, porque tiene una reputación terrible.

El cortisol no es malo. In fact, lo necesitamos.

Nuestro cortisol sigue un ritmo a lo largo del día y suele aumentar alrededor del momento en que despertamos, preparando al organismo para comenzar la jornada. (Parece un poco loco porque algunas veces, por el mismo nivel de agotamiento y estrés, lo último que queremos es salir de la cama 😅).

Lo que me interesa visibilizar aquí es qué ocurre cuando la activación deja de responder únicamente a momentos puntuales y determinadas demandas se mantienen en el tiempo.

Y aquí aparece la fertilidad.

 

La precisión de este sistema es milimétrica 📏

Para que ocurra la ovulación necesitamos una conversación hormonal extremadamente coordinada.

Todo comienza con señales que parten del cerebro.

Desde el hipotálamo se libera de manera pulsátil GnRH. (Tranquila, tampoco tienes que memorizarla, sigue leyendo para entender el contexto).

Esa señal pone en marcha la liberación de otras dos hormonas fundamentales: LH, que participa en la señal que desencadena la ovulación, y FSH, que participa en el crecimiento y maduración de los folículos, dentro de los cuales se encuentran los ovocitos. (Tus futuros óvulos).

Hipotálamo, hipófisis, ovarios, señales que tienen que aparecer con determinada frecuencia, hormonas respondiendo a otras hormonas, folículos desarrollándose y finalmente ovulación.

La coordinación necesaria para que todo esto ocurra es, sinceramente, nivel leyenda.

Y el hecho de que exista una comunicación constante entre ellos, confirma que nada permanece aislado. 

¿Significa esto que una semana horrible en el trabajo apagó tus ovarios?

No.

Significa algo mucho más curioso:

Tu función reproductiva no vive separada del resto de tu fisiología.

Aquí aparece otra protagonista con nombre complicado: la kisspeptina. (Y no, esta tampoco necesitas aprendértela 😅).

Puedes imaginarla como una de las señales que ayudan al cerebro a poner en marcha y regular esa conversación reproductiva que acabamos de describir. Participa en la activación de las neuronas que liberan GnRH y, por eso, tiene un papel importante en la regulación del eje reproductivo.

Una revisión sobre estrés, kisspeptina y amenorrea hipotalámica funcional analiza justamente cómo distintas formas de estrés pueden interferir con esta comunicación.

¿Y qué es la amenorrea hipotalámica funcional?

La amenorrea hipotalámica funcional (AHF) es una alteración en la que el cerebro disminuye las señales necesarias para sostener normalmente el eje reproductivo. Puede aparecer frente a determinados estresores, como estrés psicológico, una disponibilidad energética insuficiente, ejercicio excesivo o una combinación de varios factores.

Dicho mucho más sencillo: la señal que necesita el sistema reproductivo empieza a perder fuerza y puede dejar de ocurrir la ovulación y, como consecuencia, puede desaparecer la menstruación.

Aquí quiero hacer una aclaración porque se presta para confusión: sangrado no siempre significa menstruación. También pueden existir sangrados en ciclos en los que no hubo ovulación.

Por eso mirar únicamente “me bajó / no me bajó” nos cuenta una parte muy pequeña de la historia.

 

Entonces… ¿el estrés causa infertilidad?

Aquí sí quiero que seamos clarísimas.

No podemos decir que el estrés sea la causa de la infertilidad.

¿Te acuerdas de que te dije que coordinar todo lo necesario para ovular era nivel leyenda?

Bueno, lograr un embarazo sube todavía más el nivel de dificultad.

Así que sí: cuando decimos que la fertilidad es un proceso complejo, estamos hablando de nivel leyenda X2.

Por eso, si llevas meses intentando quedar embarazada, este artículo no es una manera científicamente “fancy” de decirte:

“Relájate.”

No, y probablemente ya has escuchado demasiadas veces (yo también las he dicho):

“Deja de pensar tanto.”

“Cuando te relajes, va a pasar.”

“Cuando dejes de buscarlo, llega.”

Y además de minimizar un proceso extremadamente complejo, podemos terminar entrando en una paradoja bastante cruel:

Ahora también tengo que estresarme porque estoy estresada.

La revisión The relationship between stress and infertility, publicada en Dialogues in Clinical Neuroscience, muestra justamente por qué necesitamos ampliar la conversación: la relación puede ocurrir en ambas direcciones. El estrés puede interactuar con la función reproductiva y la propia experiencia de infertilidad puede convertirse en una fuente importante de estrés.

Y para mí eso cambia muchísimo el enfoque.

No necesitamos encontrar un culpable. Necesitamos comprender mejor todo el contexto.

 

¿Y si eso de “ser productiva” también merece una mirada?

Hay algo que se repite muchísimo entre mujeres que llevan tiempo intentando lograr un embarazo: han aprendido a funcionar muy bien bajo presión.

Y eso no significa que no amen lo que hacen. Muchas han construido carreras importantes, lideran negocios, emprenden, toman decisiones y resuelven problemas a diario.

Quiero dejar algo claro: no creo que la ambición sea enemiga de la fertilidad.

Tampoco creo que cuidar tu salud signifique renunciar a la carrera que construiste.

Lo que me interesa es otra pregunta: ¿cómo estás sosteniendo esa vida?

Una revisión sistemática publicada en BMC Public Health en 2025 analizó estudios relacionados con estrés laboral, fertilidad, intención reproductiva y tratamientos de infertilidad. Encontró asociaciones en varias de estas dimensiones, aunque todavía necesitamos más investigación para comprenderlas mejor.

🙅‍♀️No podemos decir “tu trabajo está causando tu infertilidad”.🙅‍♀️

Peeeero… tampoco podemos fingir que la forma en la que vivimos gran parte de nuestro día está completamente separada de nuestra salud menstrual.

Y aquí regreso a algo que te dije al principio:

Cuando la exigencia se vuelve parte del paisaje, puede dejar de parecernos exigencia.

Ese correo a las 10 de la noche, comer frente a la computadora o sentir culpa cuando no estás produciendo.

Una sola de estas cosas no define tu salud. Pero pueden decirnos bastante sobre cómo estamos sosteniendo nuestros días.

No se trata necesariamente de hacer menos.

Quizás se trata de preguntarnos cómo tu ambición y tu bienestar pueden convivir de una manera más sostenible.

 

Tu ciclo te da más información de la que crees 🩸

 
 

Muchas mujeres empiezan a mirar realmente su ciclo cuando quieren lograr un embarazo. Hasta entonces, en el mejor de los casos, saber cuándo llegaba la menstruación parecía suficiente. (También fui esta versión).

Y de repente aparecen nuevas preguntas:

¿Estoy ovulando? ¿Qué significa este fluido?

Otras llevan años viviendo síntomas premenstruales que simplemente normalizaron y dicen: “Mi regla es así.”

No estoy diciendo que todos esos síntomas sean causados por estrés.

Lo que sí ocurre es que cuando empezamos a observar el ciclo completo encontramos información que antes quizás estaba pasando frente a nosotras sin que supiéramos leerla.

Como la valla de la autopista: estaba ahí, solo habíamos dejado de verla.

Y aquí volvemos a algo que conversamos en el artículo anterior: la menstruación no es el ciclo. Es una parte del ciclo.

Y me encanta que ambos artículos terminen encontrándose justo aquí, porque la idea de fondo es la misma: el cuerpo no funciona como un conjunto de secciones separadas.

Por eso, además de preguntarnos si hubo o no un embarazo ese mes, también podemos empezar a preguntarnos: ¿Qué está pasando con mi salud menstrual mientras lo intento?

 

Gestionar el estrés no garantiza un embarazo. Pero tampoco es irrelevante.

Esta probablemente sea una de las ideas más importantes de este artículo.

El bienestar emocional, el descanso y la manera en que sostenemos nuestras tareas cotidianas forman parte de nuestra salud. Y nuestra salud forma parte del contexto en el que ocurre la reproducción.

¿Eso significa que podemos controlar el resultado? No.

Pero sí significa que podemos trabajar sobre áreas de nuestra salud que son modificables.

Prepararte no tiene que significar controlar el resultado.

Puede significar ofrecerle a tu cuerpo mejores condiciones desde las cuales hacer su parte.

Y esto aplica tanto si llevas meses intentando lograr un embarazo como si estás considerando fertilidad asistida.

Un tratamiento de fertilidad asistida puede ocuparse de aspectos que requieren intervención médica. Eso no significa que el resto de tu salud tenga que quedar fuera de la conversación.

Y si estás intentando lograr un embarazo de forma natural, tampoco tienes que esperar hasta llegar al punto máximo de estrés para empezar a atender tu salud.

Son conversaciones que pueden y deben coexistir.

 

(Y porfa) no conviertas esto en otra cosa que hacer perfectamente 😵‍💫

Porque ahora mismo podría darte una lista kilométrica: medita, respira, duerme ocho horas, haz ejercicio, deja el teléfono, aprende a descansar, organiza tus horarios…

Y de repente tenemos un (otro) problema.

Porque si eres esa mujer que cuando algo importa hace más, probablemente vas a hacer exactamente lo mismo con esta información.

Ahora vas a intentar ser excelente gestionando el estrés. (Que te vi. No va por ahí).

Para ti puede significar proteger mejor el sueño, hacer una pausa real durante el día o encontrar alguna práctica que te ayude a recuperar.

No necesitas hacerlas todas.

La pregunta que me interesa que te respondas es:

¿Dónde puedo crear un poco más de recuperación dentro de la vida que realmente tengo?

No dentro de una vida “perfecta”. (Ninguna vida lo es)

La tuya.

 

Lo que me gustaría que te lleves de este artículo 💁‍♀️

💫 El estrés no es sinónimo de infertilidad, pero nuestra respuesta al estrés y nuestra función reproductiva no existen en universos separados.

💫 Que hayas aprendido a funcionar muy bien bajo exigencia no significa que esa exigencia haya dejado de existir.

💫Y atender el estrés es cuidar tu salud menstrual, no controlar un embarazo.

 

Quizás nunca se trató solamente de hacer más 🤍

Cuando llevas meses intentando lograr un embarazo, es completamente válido y tiene sentido en contexto que aparezca la pregunta: ¿Qué más puedo hacer?

Pero quizás algunas veces podemos cambiarla.

¿Qué llevo demasiado tiempo sosteniendo?

¿Qué normalicé simplemente porque aprendí a hacerlo muy bien?

¿Dónde quedó la recuperación entre todas las cosas que sí soy capaz de hacer?

No necesitas dejar de ser ambiciosa, ni renunciar a lo que has construido con tanto esfuerzo, y mucho menos aprender a vivir en un estado permanente de calma. (Que, francamente, tampoco existe).

La vida va a seguir pasando.

Lo que podemos revisar es cuánto le pedimos al cuerpo y cuánto espacio le dejamos para recuperarse.

Porque crear mejores condiciones para tu fertilidad no siempre significa hacer más.

A veces también significa dejar espacio para que tu cuerpo pueda hacer su parte.

Y recuperarte también forma parte del camino.

 

Porque la ciencia puede ayudarnos a comprender el cortisol, la respuesta al estrés y su comunicación con la función reproductiva, sí.

Pero hay otra pregunta mucho más íntima:

¿Por qué descansar puede hacernos sentir culpables?

Esa conversación necesita su propio espacio, por eso será parte de la próxima edición de mi newsletter: Entre ciclos 💌.

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Si estás intentando lograr un embarazo

Si llevas tiempo buscándolo y quieres empezar a mirar tu fertilidad desde una perspectiva que incluya no solamente el resultado, sino también tu ciclo, síntomas, estrés y salud integral, puedes conocer más sobre cómo trabajamos estos procesos en Más Salud Menstrual.

Porque acompañar tu fertilidad no significa reemplazar la medicina.

Significa ampliar la conversación sobre tu salud.


Fuentes

Suppression of the hypothalamic-pituitary-ovarian axis in normal women by glucocorticoids. Biology of Reproduction. Link Directo: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8286608/

Stress, kisspeptin, and functional hypothalamic amenorrhea. Revisión científica indexada en PubMed. Link Directo: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36103784/

The relationship between stress and infertility. Dialogues in Clinical Neuroscience. Link Directo: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6016043/

The effect of job stress on fertility, its intention, and infertility treatment among the workers: a systematic review. BMC Public Health, 2025. Link Directo: https://link.springer.com/article/10.1186/s12889-025-21790-9?utm_source=chatgpt.com + https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39930394/

Nushin Nei, especialista y mentora en salud menstrual y fertilidad consciente

Tras más de 8 años de transformación personal y 4 acompañando a otras mujeres, Nushin comparte herramientas, evidencia y experiencias para abordar la salud menstrual y la fertilidad de forma integral.

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